El número se triplicó tras la pandemia. Especialistas advierten que es indispensable un uso adecuado de los antimicrobianos, también en la cría de animales para consumo y buenos sistemas de vigilancia.
En agosto del año pasado, un centro médico privado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires entró en emergencia: uno de sus pacientes trasplantados presentaba una infección urinaria que no cedía ante ninguna medicación. A ese caso le siguieron siete más en lo que constituyó el primer brote registrado en el país de una bacteria resistente a los 30 antibióticos disponibles (había habido uno en 2016, pero no se contaba con ese número de fármacos), la Klebsiella pneumoniae.
“Desde entonces estamos luchando. Desaparece por momentos, parece que está controlado, pero es muy difícil evaluar todos los reservorios o a veces son los pacientes los que ingresan con la bacteria –explica Fernando Pasteran, investigador del Laboratorio Nacional y Regional de Referencia en Antimicrobianos Anlis-Malbrán–. Es la manifestación más cruda y más dura de la crisis de la resistencia a los antibióticos. No poder ofrecerles un tratamiento a estos pacientes. Estimamos que se va a resolver y que no perdurará en el tiempo, pero estos episodios van a ser cada vez más frecuentes”.
Esto, precisamente, es lo que inquieta y moviliza a los sistemas sanitarios del mundo. Un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 87 países reveló que en todos estaba creciendo la resistencia a los antimicrobianos. “Se avecina una ‘tormenta perfecta’ –comenta Pasteran–. Los microbios mutan muy rápido, dejan de ser sensibles a sus efectos, y cada vez se desarrollan menos de este tipo de drogas. Si no se detiene este proceso, en un par de décadas podrían llegar a ser riesgosos procedimientos habituales como las extracciones dentales o las cesáreas”.
Una señal inquietante del problema es que cada vez hay más bacterias que sólo responden a una o dos drogas. Se las conoce como “extremadamente resistentes”. “Después de la pandemia, entre un 7 y un 8% entran dentro de esta categoría –destaca el científico–. En la Argentina, el Covid potenció los problemas preexistentes y aumentó la resistencia a los antimicrobianos. El hecho de que al comienzo se tratara a todos los pacientes con antibióticos es una de las causas por las que aumentamos las infecciones por bacterias resistentes. Desde el Malbrán mostramos que las ‘superbacterias’ pasaron de un 20 a un 30% en un año, o sea, hicieron un salto que normalmente llevaba diez, ya que aumentan uno o 2% anual. En este momento, las dos entidades bacterianas que causan las infecciones intrahospitalarias más difíciles de tratar (las enterobacterias resistentes a carbapenemes y las del género Acinetobacter) aumentaron la carga de enfermedad casi tres veces, un 300%”.
Fuente: El Destape



