El sector vitivinícola en la provincia atraviesa su momento más crítico. La combinación de una inflación que licuó el poder adquisitivo local y la pérdida de competitividad frente a Paraguay y Brasil transformó el paisaje comercial: las filas de extranjeros desaparecieron y las persianas de las vinotecas comenzaron a bajar.
Por: Redacción Aldiome Misiones
Lo que en 2023 era un escenario de euforia comercial, con aperturas de locales casi semanales y estantes que se vaciaban en cuestión de horas, hoy se ha convertido en una lucha por la supervivencia. La venta de vinos en Misiones, que supo ser el motor del consumo fronterizo, enfrenta una realidad cruda: las ventas han caído en picada y el modelo de negocio basado en la brecha cambiaria se agotó.
Para entender la magnitud del impacto, es necesario mirar hacia atrás. Durante el 2023, Misiones vivía un fenómeno excepcional. El peso argentino, fuertemente devaluado, convertía a la provincia en un “shopping a cielo abierto” para brasileños y paraguayos. El vino argentino —especialmente las etiquetas de alta gama— era el producto estrella debido a su calidad y su precio irrisorio en dólares, reales o guaraníes.
Hoy, el panorama es opuesto. La inflación en dólares en Argentina y la quita de subsidios han encarecido los costos logísticos (fletes desde Mendoza) y operativos de tal manera que la ventaja competitiva desapareció.
El golpe más duro se siente en las ciudades limítrofes. En Bernardo de Irigoyen, donde el “boom” fue más agresivo, se estima que más de la mitad de los comercios que abrieron durante la bonanza han cerrado sus puertas. La situación no es muy distinta en Puerto Iguazú o Posadas, donde las vinotecas boutique, que antes dependían en un 80% del turismo de compras, hoy ven sus pasillos vacíos.
“El año pasado no dábamos abasto para reponer; hoy el stock se queda meses en la estantería porque al brasileño ya no le conviene el cambio y al misionero no le alcanza el sueldo”, explican referentes del sector.
Con el salario real golpeado por el ajuste y la suba de tarifas, el vino ha dejado de ser un invitado cotidiano en la mesa de los misioneros. El consumo se ha desplazado:
- Migración hacia abajo: Quienes consumían etiquetas de gama media ahora buscan opciones más económicas o directamente han abandonado el hábito.
- El refugio del Tetra: Mientras que las botellas de vidrio han visto una caída estrepitosa en volumen, el vino en cartón ha mostrado una mayor resistencia, consolidándose como la opción de quienes aún priorizan el consumo pero con presupuestos limitados.
La estabilización del valor del dólar frente a una inflación interna persistente terminó de asfixiar al sector. Al no haber un salto devaluatorio que favorezca al comprador extranjero, pero sí un aumento constante en los costos de energía, alquileres y transporte, los márgenes de ganancia se evaporaron.
Para muchas vinotecas, el costo de mantener las heladeras encendidas y pagar el alquiler supera hoy los ingresos por ventas, marcando el fin de un ciclo que, aunque brillante en su momento, hoy deja un rastro de locales vacíos en toda la provincia
