El hallazgo de un cráter enterrado bajo la costa de África occidental sugiere que una segunda roca espacial pudo contribuir a la desaparición de los saurópsidos.
Esta vista muestra la sección transversal del impacto de un asteroide, similar al evento de hace unos 66 millones de años que condujo a la extinción de las tres cuartas partes de todas las especies de la Tierra. Es posible que se haya descubierto otro cráter de impacto en la costa de África Occidental, lo que suma un nuevo giro a la teoría de la extinción.
Consecuencias del impacto de un segundo meteorito
Estudiar las consecuencias ambientales del evento Nadir podría ayudarnos a comprender mejor qué impactos futuros podrían tener en nuestro planeta. El objeto teórico que impactó en Nadir podría ser comparable en tamaño al asteroide Bennu, que tiene una probabilidad de 1 en 1750 de colisionar contra la Tierra durante los próximos tres siglos, lo que lo convierte en uno de los asteroides con más probabilidades de golpear nuestro planeta.
Dicho evento estaría lejos de ser insignificante ya que, incluso, podría provocar tsunamis a lo largo de cientos de kilómetros. “Es lo suficientemente grande como para acabar con una ciudad o dos”. describe Bray.
No obstante, el significado del descubrimiento de los eventos posteriores al impacto de Chicxulub y el final del reinado de los dinosaurios es aún incierto. La energía liberada por el impacto de Nadir y sus consecuencias ambientales pudo eclipsarse por la colisión del asteroide Chicxulub de 9.6 kilómetros de ancho con la Tierra y el cataclismo global que siguió.
“Eso es simplemente una liga diferente”, señala Martin Schmieder , experto en estructuras de gran impacto en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Neu-Ulm en Alemania, quien revisó el estudio antes de su publicación.
Pero el impacto de Nadir pudo “añadir insulto a la lesión” en un ecosistema ya devastado, cuenta Bray. También está la cuestión de si hubo otros impactos en este mismo período. Los autores del estudio señalan que, con 65.4 millones de años, el cráter de impacto Boltysh en Ucrania es un poco más joven que Chicxulub.
Previamente se han documentado grupos de impactos de fragmentos de cometas o asteroides en la Tierra y otros mundos. Por ejemplo, cerca de donde vive Anderson, en la parte superior del medio oeste de los EE. UU., un trío de cráteres data de aproximadamente 460 millones de años. Son parte de un aumento en los impactos durante el período Ordovícico, que los científicos han relacionado con una posible colisión en el cinturón de asteroides que envió un desfile de meteoritos hacia nuestro planeta durante millones de años .
Sin embargo, identificar estos cúmulos en el registro irregular de la Tierra de golpes antiguos representa un desafío. Se estima que un impacto del tamaño de Nadir ocurre un poco menos de cada 100 000 años, señala Schmieder. “Así que esto básicamente podría suceder en cualquier momento”.
Y para Nadir en sí, se necesita más estudio para determinar cómo se formó.
“Este es un descubrimiento emocionante”, describe Gareth Collins, un científico planetario que se especializa en cráteres de impacto en el Imperial College London (Inglaterra) por correo electrónico, aunque advierte que aún no se puede concluir sobre el descubrimiento. Se necesitan muestras directas para confirmar el origen de la característica, así como fechas más precisas para el posible impacto que la formó.
Los autores del estudio ya solicitaron fondos de emergencia para perforar la formación Nadir y recolectar muestras de la roca del cráter posiblemente impactada, derretida y revuelta, así como las capas de sedimentos de arriba.
Es posible que el lecho cada vez más grueso de arena y lodo sobre la estructura enterrada no solo haya conservado las características del cráter, sino que podría ayudar a revelar el estado de la vida en el océano en los años posteriores al impacto, lo que proporcionaría una gran cantidad de nuevos datos sobre lo que le sucede a nuestro planeta cuando impacta un asteroide.
“Pero, por supuesto, solo lo sabremos con certeza cuando lo perforemos”, concluye Bray.
Fuente: National Geographic



