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La tarde en que Maradona convirtió a Posadas en leyenda

31 de mayo de 2026
Tiempo de lectura: 3 minutos
La tarde en que Maradona convirtió a Posadas en leyenda

El fútbol siempre vuelve a los mismos lugares cuando la pasión se enciende. Y con un nuevo Mundial de fútbol a las puertas -ese que en junio vuelve a mover la ansiedad, la ilusión y el ritual argentino de creer- reaparece una historia que no envejece: el gol imposible de Maradona en Posadas.

El 9 de mayo de 1992, la ciudad de Posadas vivió algo difícil de explicar con palabras simples. No fue solo un partido a beneficio en el estadio de Villa Sarita, casa de Guaraní Antonio Franco. Fue una especie de paréntesis en la realidad, una tarde en la que el fútbol decidió exagerarse a sí mismo.

Diego Armando Maradona llegó para jugar por una causa solidaria, para ayudar al Hospital Madariaga. Pero terminó regalando otra cosa: una escena que todavía hoy se cuenta como si acabara de pasar.

El partido estaba en ese punto donde todo parece normal… hasta que deja de serlo. Tras un gol reciente, la pelota volvió al medio. Y ahí ocurrió. Maradona la dominó, levantó la mirada, hizo un par de toques cortos -como si estuviera jugando solo contra el tiempo- y, sin aviso, la soltó desde mitad de cancha.

El silencio fue inmediato. La pelota viajó con una convicción imposible de discutir, cruzó el cielo de Posadas y se clavó en el ángulo. Primero la incredulidad. Después, el estallido. No fue solo un gol: fue un quiebre en la lógica del lugar.

Años más tarde, el propio Maradona lo explicó sin vueltas, como tantas de sus jugadas más irrepetibles: lo pensó poco, lo resolvió antes de que el juego lo atrapara en dudas.

“Sabía que si tardaba más le daba la posibilidad al arquero de que llegue. Le pegué fuerte, le pegué bien… y tuve la suerte de que entrara”, dijo, todavía sorprendido por su propia decisión.

La imagen de ese momento quedó completa en el vestuario, con el cuerpo aún caliente del partido, recostado en una camilla, rodeado de gente y ruido. Sin épica forzada. Solo humanidad, emoción cruda y la sensación de haber visto algo que no se repite.

Con el tiempo, aquel gol creció más en la memoria que en los archivos. Porque no fue únicamente un remate desde mitad de cancha. Fue el contexto: una ciudad movilizada, un partido solidario y un jugador en estado de inspiración total, jugando como si el fútbol fuera una extensión natural de su instinto.

Hoy, cuando el mundo vuelve a mirar hacia el Mundial que se acerca, esta historia regresa sola. Porque en Argentina el fútbol no es un evento: es identidad, es idioma, es manera de sentir el tiempo.

Y en ese mapa emocional, el gol imposible de Posadas sigue intacto. Como si cada Mundial que empieza lo volviera a encender otra vez.

Tags: guaraniMaradonamisiones
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