Por Guido Encina.
Imágenes Sandra Grossi
Puede que, en su infancia, “Huguito” no fue tan pretencioso y nunca imaginó viajar en algún auto volador. Es probable. Tiene sentido. Esa máquina humeante fue el futuro para generaciones que lo anteceden ¡ahí va! Lento pero adelante, en un mundo sin memoria que avanza voraz, todavía lejos de los museos y con un objetivo justo.
El tono sepia del atardecer que contrasta con su tractor habrá sido un frame exquisito para cualquier documentalista. Y tiene más sentido si se hace foco en el jinete que modela con esa blanca barba y su boina negra encastrada casi a la perfección para mostrar lo suficiente de su ceño fruncido por la combustión del camino.

Allá va Hugo, otra vez Hugo… Paciente, calmo, con el tiempo de los sabios.
En la ruta habrá quedado esa melancolía de su niñez y sus anhelos de chacra interrumpidos por una sórdida actualidad que lo hace marchar una vez más arriba de su máquina del tiempo anaranjada que desentona contra la pared rosada de una Casa de Gobierno en la que no penetran las voces de los miles de productores misioneros que viajaron sin cuerpo hasta la Ciudad que siempre ignora.
Hugo lleva consigo el reclamo de los suyos, un reclamo justo. Su experiencia, paciencia, poder de escucha, son elementos suficientes que dan sus palabras la fuerza y legitimidad para fundamentar un viaje de más de miles de kilómetros con colores que representan la sangre derramada en pos de la libertad, el sueño de una república federal y la grandeza de nuestra tierra colorada empapada de sudor colono.
Seguramente esas voces del interior no penetren en los despachos de esa imponente Casa Blindada. Allá atiende Dios, dicen… Pero no creo que Dios esté encerrado entre esas paredes y rejas que de los trabajadores de nuestra tierra (la que él creo para que sembremos las hojas que terminan en algún envase absorbiendo el agua caliente de los oficinistas).

La yerba pierde el sabor amargo en los mates de los oficinistas que no notaron su presencia, de ellos que seguramente no conocen la palabra “mensú”. Puede que se repita una vez más esa cosecha injusta planificada por quienes detentan poder. Pero sepan que ese tractor que alguna vez fue futuro, será emblema y ejemplo de lucha de quienes simplemente quieren el reconocimiento a un trabajo digno que representa el valor de nuestra tierra colorada.
*Hugo Sand es productor yerbatero que fue hasta Buenos Aires para pedir un precio justo de la materia prima que tanto identifica a Misiones, como también la puesta en función del Instituto Nacional de la Yerba Mate. Llegó junto a otros trabajadores rurales hasta la Casa Rosada con el objetivo de reunirse con el presidente Javier Milei. No tuvo éxito, la Polícia Federal frenó la iniciativa de visibilizar el reclamo. Prometieron no claudicar con la misión.




