Una mirada integral que ubique al Puerto de Nemesio Parma como un engranaje importante dentro de la actividad fluvial es preferible al pensamiento mágico de creer que un acto inaugural puede modificar el estado de situación de la noche a la mañana.
Al reflexionar sobre obras necesarias para las distintas actividades productivas conviene tener en claro las diferencias, tanto de tamaño como los fines de las mismas. Existen ciertas obras de infraestructura que, por más tamaño o importancia que presenten, forman parte de un encadenamiento productivo. El arreglo de un bache en una avenida tiene como fin último optimizar el tránsito.
En cambio, la puesta a punto e inauguración de un Puerto no significa nada por sí misma. Ese es el caso de las instalaciones ubicadas en Nemesio Parma, en la ciudad de Posadas.
Un error recurrente es la exposición del pensamiento, lindante a lo mágico, que el solo corte de cinta activará una intensa actividad económica en el lugar. El Puerto de la capital misionera, es menester recordar, nunca estuvo operativo.
El recuerdo de las antiguas instalaciones de hace más de 50 años es parte de la memoria histórica de la ciudad y la provincia. Es constitutivo de quienes somos, por lo tanto, debe ser resguardado y recordado. Pero guarda escasas similitudes con el actual Puerto ubicado en Nemesio Parma.
El trabajo encarado por el Estado misionero partió de cero, con el detalle de haber encarado la puesta a punto de manera solitaria. El avance logrado donde no había nada debe destacarse.



